Lecciones de Liderazgo del Mundial

Lecciones de liderazgo

Para los amantes del deporte, y en particular del fútbol, el Mundial es un gran acontecimiento que despierta pasión entre los aficionados pero también nos regala grandes lecciones de cómo liderar a un equipo para cumplir objetivos y cómo gestionar el talento controlando egos.

El deporte como escuela de liderazgo.

Líder, ¿ se nace o se hace?

A mi parecer, algunas personas nacen con unas cualidades más propicias para convertirse en líderes que otras, y que si se trabajan adecuadamente pueden florecer gracias a la observación y el aprendizaje.
Sin ir más lejos, hemos podido verlo durante estos 30 días de Mundial. Cada líder con su estilo diferencial dentro y fuera del campo que bien se puede llevar a otros terrenos de la vida.
Se que me la juego porque, según dicen los entendidos, “no hay que opinar ni de religión, ni de política, ni de fútbol”. Pero a estas alturas del partido, me voy a dar la licencia de exponer mi opinión y reflexiones de lo acontecido.

Un líder no deja tirado a su equipo.

La Real Federación Española de Fútbol nos brindó una gran lección sobre mal liderazgo.
La destitución del seleccionador a 48h del inicio del campeonato fue un ejemplo de egoísmo donde se dio más importancia a los intereses personales que al interés colectivo en un momento de vital importancia.
Sin embargo, en contraposición a la actitud individualista del primero, quien le tomó el relevo supo dar ejemplo de valentía y dar soporte al equipo en una situación poco favorable y asumir “el marrón”.

Un líder necesita un equipo a su lado.

La selección finalista del Mundial anterior venía con un objetivo muy claro: que su estrella ganase el mundial para Argentina – un reconocimiento que pondría el broche de oro a la última etapa de la carrera futbolística de Messi.

Pero claro, un líder no puede hacer todo el trabajo solo. Necesita estar rodeado de compañeros, colegas o colaboradores que sustenten su liderazgo. Y, en este ejemplo, no lo tuvo ni fuera de la cancha -el Seleccionador, con una categoría personal más que cuestionable-, ni dentro, donde un gran número de jugadores no estuvieron a la altura de “la pulga”.

Ver su semblante, antes de empezar el partido que jugaron contra Croacia, fue todo un poema y un presagio de que lo peor estaba por venir. Porque un líder no es un héroe.

Un líder da la cara por su equipo.

Croacia ha sido la gran sorpresa del Mundial. Y dentro de esa selección, el jugador con el dorsal número 10 no ha sido una sorpresa, sino una constatación de que es un futbolista de pies a cabeza. Un auténtico sabio del fútbol.

El MVP (mínimo Producto Viable) del Mundial, ha dado un auténtico recital de juego y de liderazgo, defendiendo y atacando, creando y destruyendo oportunidades de juego, defendiendo y atacando y con respeto a los árbitros cuando estos se equivocaron.

No es de extrañar la expresión seria del croata, cuando le hicieron entrega de su trofeo individual. ¿De qué sirve ese título -a no ser que seas un lamentable egocéntrico, que, por desgracia, abundan-, cuando has tenido tan cerca el triunfo de todos?

Los líderes de verdad disfrutan más cuando su equipo gana que cuando lo hacen a título personal.

El importante rol del segundo líder.

En el mismo equipo nacional comentado en el punto anterior, ha habido otro jugador que ha demostrado que cuando no está el líder, está él.

Cuando hay que ponerse el brazalete de capitán, se lo pone. Si hay que hacer lo que sea, lo hace. Ese papel tan difícil de practicar, como lo es el de ser el “segundo de abordo”. Porque no hay mejor ejercicio de liderazgo, que el del ejemplo permanente cuando corresponde.

Y ser segundo en un campeonato tan importante, es decir, el subcampeón, también lo es.
Como hubiera dicho el sabio de Hortaleza, lo importante es “ganar, ganar y volver a ganar” (él que perteneció casi toda su vida deportiva al entonces llamado “pupas”). Pero hay que reconocer que los líderes de verdad saben perder.

La humildad se demuestra en la victoria -que es cuando es realmente difícil- y la grandeza se demuestra en las derrotas, como las que han tenido todos los grandes jugadores en el mundo de los deportes, y los empresarios en el mundo de los negocios.

El autoliderazgo, como base del alto rendimiento.

El liderazgo empieza por uno mismo. Cada individuo tiene que saber que en su propio gobierno personal también es un líder.

En este aspecto, quiero destacar al croata del dorsal número 13, un auténtico recital de trabajo en equipo, de humildad y de generosidad al prestar ayuda constante a otros jugadores más brillantes pero menos efectivos. Porque un buen profesional, “no necesita” de líder, si él se lidera a sí mismo.

El liderazgo colectivo, como base del alto rendimiento.

Finalmente, me gustaría destacar a Uruguay, un equipo que ha basado su juego en la solidaridad. Tienen estrellas, como los dorsales 9 y 21, pero el grupo prevalece por encima de todo.

Ejercen un liderazgo colectivo, orgullosos de ser quienes son y con una actitud excelente. La indolencia, como en el caso de otros jugadores o selecciones de gran renombre, no tiene cabida en el espíritu de los charrúas.
Cuando se une el liderazgo comprometido de quien lo es por definición, con la actitud personal y la responsabilidad colectiva, la victoria está asegurada. Y, si se pierde, que puede ocurrir (“el fútbol – y la vida – es así”), queda siempre el sabor (aunque sea agridulce) del deber cumplido. Porque el liderazgo es la piedra angular del alto rendimiento de cualquier equipo.

Lecciones de Liderazgo del Mundial
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Por | 2018-08-02T11:55:07+00:00 19, julio 2018|

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