¿La idea menos mala?

En uno de los recientes viajes en tren coincidió con la
emisión en las pantallas de la película Argo, ganadora del Oscar a la Mejor
Película en 2013, que trata sobre la crisis de rehenes en el Irán de 1979.
Seis diplomáticos americanos consiguen escapar del asalto a la
embajada y refugiarse en la embajada canadiense. Enseguida la CIA empieza a
desarrollar diferentes alternativas para sacarlos del país ya que los iraníes
aún no se habían dado cuenta de que faltaba esa gente de la embajada ni de
quienes eran los que faltaban. Esto sí, en cuanto lo averiguaran los
fusilarían.
En los cuarteles de la CIA se discute sobre diferentes
posibilidades para sacarlos del país de manera sutil, intentando que nos los
reconozcan y evitar ser detenidos o fusilados. Se desarrolla una mesa de
trabajo con una lluvia de ideas con diferentes opciones tales como que se
escapen en bicicleta por las montañas, simular que son profesores de idiomas,
etc. En general, las posibilidades de éxito son escasas, el riesgo muy elevado
y el tiempo disponible muy reducido.
En un momento dado, convocan al personaje interpretado por
Ben Affleck, experto en extracciones, y propone que se orqueste toda la
parafernalia como si fueran miembros del rodaje de una película de ciencia
ficción que tiene como título “Argo” y que busca localizaciones para la misma.
Cuando la propuesta es escuchada, las reacciones son  variopintas y bastante sarcásticas por la
ridiculez de la misma, por lo impensable de su éxito. El plan parece improbable
pero, mirándolo con más calma,  tiene más
probabilidades que el resto de alternativas que no tenían ninguna, parece la
idea menos mala. El resultado final… mejor verlo en la propia película.
Esto mismo es lo que nos encontramos en las empresas. Se pide
propuestas a la gente de cómo mejorar los procesos y algunas de esas propuestas
pueden parecer o ser verdaderas locuras. Pero se necesitan planteamientos
diferentes y se necesita de la participación del personal que trabaja en la
misma.
Por un lado, si queremos que la gente participe, es
importante que se sientan libres de poder plantear cualquier alternativa, de
que sientan de que no hay limitaciones, más allá de las que el sentido común
pueda plantear, de cara a buscar soluciones para mejorar el proceso.
Muchas veces de las locuras, o de las ideas menos malas, que
se plantean dentro de un grupo surge una idea genial que lleva a una solución
increíble o esa idea, a pesar de no ser correcta, permite a otro miembro del
grupo plantear alguna alternativa que sí que tenga más visos de ser llevada a
cabo.
Por otro lado, estamos en una época de necesidad constante
de ideas radicalmente diferentes, de plantear soluciones imaginativas y
rompedoras que puedan ayudar a la organización a dar los saltos cualitativos de
mejora que le permitan sobrevivir y avanzar en esta vorágine.
Las ideas anteriores son, en muchos casos, las que han
permitido llevar a la organización hasta donde está hoy en día pero,
seguramente, para avanzar será necesario situarse en nuevos planteamientos, en
nuevas maneras que puedan parecer incluso locuras.
Serán necesarias algunas locuras, y dentro de ellas las
ideas menos malas, cuando las ideas convencionales se demuestren insuficientes.
¿La idea menos mala?
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Por | 2017-07-16T06:01:09+00:00 1, mayo 2013|

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